¿Qué es la aporofobia? 2017-10-18T10:01:47+00:00

¿QUÉ ES APOROFOBIA?

ODIO O MIEDO AL POBRE

El término aporofobia es un neologismo construido a partir del prefijo griego άπορος, ‘pobre, sin recursos’, y del sufijo griego φοβία, ‘aversión, rechazo’ que acuñó la filósofa española Adela Cortina en 1996. Según esta autora “no marginamos al inmigrante si es rico, ni al negro que es jugador de baloncesto, ni al jubilado con patrimonio: a los que marginamos es a los pobres”.

La aporofobia, al igual que la xenofobia, la homofobia, el racismo, etc., consiste en “el rechazo a personas concretas por tener una característica que las inscribe en un determinado grupo al que se desprecia o teme…” (Cortina, 2017). Este fenómeno en una forma más de exclusión social.

Esta actitud de rechazo, miedo u odio hacia los pobres funciona como un componente cultural más de una sociedad y, como tal, envía mensajes de discriminación que la ciudadanía acaba traduciendo en actitudes que van de la total indiferencia a la violencia física. Desde esta violencia invisible (ya destructiva por naturaleza) el paso a la violencia física se percibe como legitimo a tal nivel, que puede llegar incluso hasta el homicidio, perpetrada con sensación de impunidad y, generalmente, con rasgos de perversidad, como es el caso de quemar viva a una persona. Encontrarse en situación de exclusión social, y más concretamente sin hogar coloca a la persona como víctima por excelencia de esta violencia extrema.

Este término aún no está reconocido con una entrada en el Diccionario de la RAE. Desde el año 2000 se han puesto en marcha diferentes iniciativas para reclamar su introducción pero, 17 años después, continúa sin incluirse.

El profesor de filosofía moral, Emilio Martínez Navarro, recoge la palabra y la explica como “el término que serviría para nombrar un sentimiento difuso de rechazo al pobre, al desamparado, al que carece de salidas, al que carece de medios o de recursos”.

La Fundación del Español Urgente (Fundéu), considera que “el neologismo aporofobia, no aporafobia, está bien formado y es un término válido en español para hacer referencia al odio o al miedo al pobre.

A pesar de no estar contemplado en los diccionarios, el término aporofobia sí que es recogido y reconocido por el Ministerio del Interior como un delito de odio. Asimismo, es un término que se está extendiendo e introduciendo gracias a los medios de comunicación y a internet, que no solo definen esta palabra sino que aluden ampliamente a la realidad social que designa.

En sociedad, que exista una palabra para designar un fenómeno es de gran relevancia, pues al nombrarlo éste se vuelve visible, comienza a existir como tema sobre el cual posicionarse. El hecho de que un neologismo designe una realidad tan antigua como la discriminación del desposeído, significa que está habiendo un cambio en la forma en que ella se percibe. Adela Cortina, al ponerle nombre, lo que intenta es dar la posibilidad que esa realidad sea mejor discutida, analizada, visualizada y, en definitiva, comprendida. (Andrade, 2008) Y como este autor bien dice, se trata de “nombrar y analizar para comprender y transformar”.

La aporofobia no surge espontáneamente en las personas. “La aporofobia se induce, se provoca, se aprende y se difunde a partir de relatos alarmistas y sensacionalistas que relacionan a las personas de escasos recursos con la delincuencia y con una supuesta amenaza a la estabilidad del sistema socioeconómico.” (Navarro, E., 2002 pag. 17)

Por su incapacidad para consumir, los muy pobres no sólo no son atractivos sino también molestos en el seno de la economía del intercambio en la que vivimos, ya que provocan en el resto una sensación de fracaso como sociedad. (Navarro, 2002). La víctima de aporofobia se encuentra en un circuito perverso en el que el propio rechazo que inspira le cierra las puertas a su recuperación y reinserción socio-laboral, situación que a su vez menoscaba su autoimagen y autoestima arrojándolo progresivamente hacia la “periferia social”.

Esta situación de exclusión social se traduce en una inferioridad social, cultural, política, legal, etc. (que va mucho más allá de la simple privación material), en la que interactúan diversos factores y acaban dejando al individuo en la imposibilidad de participar plenamente de lo que entendemos como “vida social”. (Cabrera, 1998) Además, la exclusión afecta la subjetividad personal en el sentido que el sentirse excluido deteriora el autoestima, a la vez que obliga a identificarse como grupo junto con otras personas víctimas de ataques, vejaciones y burlas. La exclusión social forma parte de un proceso que tiende a mantenerse a lo largo de la historia, es una situación profundamente injusta con predisposición a concretizarse como realidad permanente. (Andrade, 2008).

El mecanismo de rechazo se pone en marcha generalmente a partir de una percepción visual. La persona que estando en un lugar público provoca reparos es aquella cuyo aspecto responde al estereotipo construido socialmente como sospechoso. Las entidades que trabajan con personas sin hogar se encuentran con la afirmación de éstas de que “la mejor estrategia para protegerse de la agresión es mantener su apariencia física y conducta lo más alejadas posible del estereotipo que se les adjudica”.

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